Hoy bajé a la cocina y encontré a Dominic y Luis. Dominic fruncía el ceño, no parecía que prestara atención a lo que decía Luis pero este seguía hablando sin parar. Me quedé parada en el último escalón contemplándolos. Juraría que nunca los había visto tan normales y disfruté esos momentos.
Desde donde estaba, no podían verme. Quería seguir observándolos un poco más. Me quedé en silencio y allí de pie vi por primera vez a Dominic sonreír. Pero no era aquella sonrisa enfermiza que usaba conmigo, ni siquiera la burlona que tenía con sus más allegados. Fue una sonrisa humana, de verdad, sin ningún trasfondo, una sonrisa de un hermano o de un amigo pero una sonrisa sin más.
Me quedé embobada mirándole y cuando reaccioné fui con ellos a la cocina donde Luis me recibió saltando de le barra y dándome un fuerte abrazo.
-Jenny… Coger contigo es… mi perdición… -Me decía al oído.
Me reí, Dominic daba un tragó a una copa de vino y se apoyaba en la mesa mirando la televisión anclada a la pared. Apenas me prestó atención cuando entré por la puerta. Me miró de arriba abajo sin más y siguió a lo suyo.
La noche pasó tranquila. Cenamos y después nos acostamos. De madrugada desperté de repente angustiada por una pesadilla.
-Estabas hablando en sueños.
Dominic estaba sentado en la butaca de enfrente. Su figura se dibujaba entre la sombras.
-Perdona… No, no recuerdo que soñaba ¿Te desperté?
-No importa…
Se levantó y fue hacía la cama.
-Cuando era pequeño tenía terror a la oscuridad.
Abrió el cajón de la mesita. Lo escuchaba pero apenas podía verlo.
-Me resultaba imposible dormir con las luces apagadas… Luego crecí y los terrores nocturnos fueron desapareciendo.
Me apoyó la palma de la mano en el pecho y la fue empujando con delicadeza hacía atrás hasta recostarme.
-Me pasaba la noche en vela y en el colegio… me dormía. Lo único que me despertaba era verte a ti….
Me tomó del brazo y me sujeto a la cabecera con una especie de cuerda. No podía ver que era pero apretaba horrores. Luego dio la vuelta a la cama muy despacio y me sujetó el otro brazo.

-Dominic ¿Qué haces?
Se puso sobre mi y la rasgó de un tirón mi camiseta.
-Entrabas por la puerta del colegio con aquella frescura, aquella osadía…
Me sobaba el pecho mientras me olía. Bajo las manos y arranco los diminutos calzoncitos de algodón que llevaba.
-Me preguntaba… ¿Qué llevara puesto debajo de la ropa hoy?
Paso los dedos por mi puchita con delicadeza.
-¿Qué la excitará?
Los metió despacio, no pude evitar arquearme. Se acercó a mi cara y sonrió.
-¿Te aprietan la muñecas?-Me dijo con dulzura.
-Si… me hacen daño…
-Una pena…
Lo tenía encima de mi. Notaba el bulto de su entrepierna rozándome la panochita y su peso oprimiéndome el pecho.
-Me haces daño…
Me sujetó por el pelo y levantó mi cabeza hacía él.
-Ya lo se…
Levantándome la pelvis apuntó su verga a la entrada de mi culo.
-Dominic por favor… Ahora no… Me haces daño…
Me dio un bofetón y apoyó su dedo índice en mis labios.
-Shh…
Empujo despacio, abriéndome el culo poco a poco. El dolor era intenso. Notaba como su verga se adentraba a la fuerza. Intenté apartarme pero lo tenía encima y apenas podía moverme.

-Luego me di cuenta que a la chica popular le gusta que la traten como a una zorra. Qué se la monten como una zorra… Y me dije… Vaya… Eso… si puedo hacerlo…
Empezó a bombearme. Las cuerdas me cortaban la circulación y rasgaban mi piel en cada empujón.
-Dios mío…
Dominic me penetraba sin compasión moviéndose como un loco.
¿Cómo cambian las cosas eh putita?
-Lo siento…
Dominic se rió y dio una fuerte envestida. Metió la lengua en mi boca y me beso con pasión. Tenía totalmente metida la verga en su culo.
Me metió los dedos en la boca, bajo la mano y me penetró con ellos por delante. Me fue imposible no gemir.
-Estás empapada…Eres…una caliente…
-No… pares…por favor…
Se apartó de mi. Yo solo me retorcía, lo buscaban, tiraba de las cuerdas.
-No me dejes así…por favor…Dominic…
Se incorporó y pasó la mano por mi cara, me apartó el pelo y delicadamente me beso en la frente.
-Buenas noches princesa- Susurró.
Se levantó de la cama y se dirigió a la puerta. Yo no entendía nada, estaba a sumamente caliente, necesitaba que siguiera cogiéndome, no podía dejarme así.
-No me hagas esto…
Dominic abrió la puerta giró la cabeza y la sonrió.
-Descansa- Dijo con calma y cerró la puerta tras de sí
A medio día bajo al restaurante de enfrente a comer. Dos de sus mejores amigas la esperaban como todos los viernes para luego volver juntas a casa. Aquel viernes Dominic pasaría a recogerme al restaurante por lo que otra vez los nervios afloraron en mí, quizá porque sabía que Dominic me podía poner en una situación embarazosa.
Le había dicho que no interferiría en mi vida cotidiana, que respetaría cada una de las personas que formaban parte de mi vida. Pero yo sabía que aquel hombre era capaz de provocar en mí reacciones que por sí solas podrían meterme en un apuro con tan sólo su presencia.
Sentada en el restaurante, era interrogada con humor sobre donde había pasado los días y con quien estaba que no lo conocían. Yo sonreía nerviosa porque sabía que en cualquier momento Dominic entraría por la puerta.
-¡Dios mío!-Dijo una de ellas- ¿No me digas que es aquel que viene por ahí?
Ni siquiera tuve que voltear para comprobarlo. Sus pasos sonaron en la tarima del local y supe que era él.
-Carai Jenny… Esta tremendo…
Dominic se acercó a la barra y tras pedir algo se sentó con una sonrisa irónica a mi lado.
-Qué bien acompañada estas princesa- Susurró besándome en la mejilla.
-Son… son Ana y Lidia. Este es Dominic…
El corazón me latía a cien por hora y el calor comenzó a subirme por la mejilla lentamente.
-Encantado… ¿Así que son amiguitas?- Se metió casi lanzando en el aire un cacahuete y se reclinó con humor hacia atrás.
-¿Jenny no te hablo de nosotras? Increíble….
-”Jenny” ¿Cómo no me dijiste que tienes unas amigas tan guapas?
-Bueno… no, no recuerdo por qué pero en fin, no tiene importancia.
-Es que últimamente “Jenny” ha tenido muchas cosas metidas en… la cabeza…
Pasaron los minutos lentos. Dominic con su papel de hombre maravilloso envolvía a sus amigas en una espiral hipnotizadora. Yo me mantenía en un segundo plano intentando disimular los nervios. Asentía con la cabeza con una sonrisa fingida mientras mis amigas sutilmente lo interrogaban.
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Hola de nuevo:
Hace algunos meses que uno de los chicos con los que tengo relaciones me pide que le platique cómo son mis experiencia con otros hombres, todo inició como un juego inocente, ya saben el clásico, que tal es fulano o cómo la tiene él, etc. Poco a poco las preguntas se fueron haciendo más específicas las preguntas y se fueron convirtiendo más en descripciones que en respuestas, hasta el punto en el cual ahora prácticamente le relato mis encuentros y eso le encanta, puedo notar cómo se prende al escucharme contar cada detalle.
Hace unos días me pidió estar presente mientras tengo relaciones con alguien más, no supe si era por la calentura del momento o hablaba en serio así que se lo pregunté abiertamente.
* Es en serio eso de verme con alguien más?
* Si, claro que es en serio, me encantaría.
* Pero … solo ver o participar.
* Pues, ambas cosas me encantarían, pero para empezar podría solo ver.

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